Cuarenta años de fecundación in vitro

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- Foto cedida por el doctor Jan Tesarik con tres niños nacidos de la fecundación in vitro en Estambul en 1999.


SANTO DOMINGO / AGENCIA EFE.-- La fecundación in vitro ha hecho posible el nacimiento de millones de niños en todo el mundo. Fueron los doctores británicos Patrick Steptoe y Robert Edwards (este último recibió en 2010 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina) quienes realizaron con éxito la primera fecundación in vitro en 1977. El 25 de julio del año siguiente nació Louise Brown, el primer “bebé probeta” del mundo.


A lo largo de estas cuatro décadas, las técnicas de reproducción asistida han experimentado una notable evolución. 


“Hoy tratamos con éxito casos que antes eran imposibles”, comenta Jan Tesarik, director de la Clínica MAR&Gen, de Granada (España), que realizó con éxito su primera fecundación in vitro en Chequia en 1982. El especialista explica en detalle, en una entrevista, el pasado, el presente y el futuro de la reproducción asistida.


¿Cuáles son las causas más habituales de infertilidad?


La infertilidad afecta a aproximadamente 15% de las parejas y puede ser provocada por varias causas, tanto por la parte femenina como por la masculina. En algunos casos la infertilidad tiene origen femenino o masculino únicamente, pero en la mayoría se encuentra una combinación de anomalías de ambas partes actuando simultáneamente.


En la mayor parte de los casos se trata de una desventaja biológica a la procreación, más bien que de un obstáculo insuperable. Sin embargo, cuando un problema relativamente insignificante de un lado se junta con uno parecido del otro, llegamos a un problema mucho más complicado de resolver.


Calidad de los espermatozoides y edad de la mujer


¿Puede indicarnos algún caso práctico?


Claro. Si las trompas uterinas (conductos que permiten que los óvulos generados por el ovario desciendan hacia el útero y que los espermatozoides suban en su encuentro), donde ocurre la fecundación natural, están obstruidas, la fecundación natural es imposible, independientemente de otras características de la pareja. Esta es la condición que alentó los primeros intentos de la fecundación in vitro en los años 70 del siglo XX.


¿Y en la actualidad?


El impedimento mecánico es, hoy día, una condición de infertilidad relativamente poco frecuente. Actualmente, la calidad de los espermatozoides está a la baja, por varias causas propias al régimen de vida del hombre y a factores ambientales. 


Por otro lado, la edad a la cual la mujer decide procrear está subiendo continuamente. Por ello, la mayoría de los casos que tratamos están relacionados con la baja calidad de los espermatozoides o de los óvulos. 


¿En qué consiste la fecundación in vitro?, ¿de qué pasos consta el tratamiento?


La base de la fecundación in vitro consiste en la extracción de óvulos de la mujer, su fecundación en el laboratorio y la transferencia de los embriones resultantes en el útero.


El tratamiento utilizado para llevar a cabo esta acción consta de varios pasos. Primero, las mujeres reciben un tratamiento hormonal para generar varios óvulos en lugar de uno solo, que sería lo normal en un ciclo ovulatorio natural.


Los óvulos recién extraídos pueden fecundarse en el laboratorio (in vitro) incubándolos con una suspensión de espermatozoides de la pareja (fecundación in vitro clásica o convencional) o inyectando directamente un espermatozoide debidamente seleccionado dentro de cada uno de los óvulos (ICSI, del inglés “Intra Cytoplasmic Sperm Injection”). 


¿Y después que ocurre?

Al cabo de 2-6 días tras la extracción de los óvulos, los embriones seleccionados se transfieren, vía vaginal, al útero. Los demás embriones considerados de buena calidad se conservan por congelación y se guardan en nitrógeno líquido, donde pueden permanecer varios años para ser transferidos, en caso de fracaso, sin necesidad de repetir todo el protocolo de estimulación ovárica y extracción de nuevos ovocitos del ovario.

En caso de éxito, estos embriones pueden ser utilizados en el momento oportuno para dar a la pareja un hermano del niño ya nacido.


¿Qué supuso la fecundación in vitro para la reproducción asistida hace 40 años?


Fue una revolución. Poca gente creía que la fecundación pudiera producirse con éxito fuera del organismo de la mujer. Había precedentes en animales, donde la fecundación in vitro funcionaba ya. Sin embargo, el primer paso en los humanos hacía temblar. La oveja Dolly, resultante de la clonación, vivió felizmente y descansa en paz. Sin embargo, ninguna clínica seria del mundo ha anunciado el nacimiento de niños humanos clonados. Estas mismas dudas teníamos con la fecundación in vitro hace 40 años.

¿Qué se necesitaba para dar el paso definitivo?


Fundamentalmente un conocimiento perfecto y un gran coraje para lanzarse a esta aventura, lo que reunían los británicos Robert G. Edwards y Patrick C. Steptoe, autores del primer éxito de la fecundación in vitro hace 40 años. El primero ha recibido merecidamente el Premio Nobel por este trabajo y el segundo, por desgracia, falleció antes de que esto pudiera ocurrir.


Ovocitos y espermatozoides artificiales

¿A dónde nos lleva esta experiencia?


El primer éxito de la fecundación in vitro inició una vía hacia metas incluso inimaginables en el momento, que actualmente sobrepasan el campo del tratamiento de la infertilidad. La fecundación in vitro, hoy día, empieza a ser utilizada incluso en parejas perfectamente fértiles, para controlar la transmisión de enfermedades que podrían poner en riesgo el bienestar y la vida del futuro bebé, en caso de ser concebido de manera natural.


Entre las parejas que recurren a ella, ¿cuántas consiguen tener un bebé?, ¿cuántos intentos suelen ser necesarios?

Una respuesta global a esta cuestión es imposible porque no existe un perfil común de una pareja infértil. Cada pareja con un problema de fertilidad presenta una combinación única de decenas de factores que son, más o menos, responsables de esta condición. Por lo tanto, el tratamiento tiene que ser diseñado a la medida de cada pareja para asegurar el óptimo resultado.


¿Nos puede dar algunos ejemplos?


Hay tratamientos, como la donación de espermatozoides y de óvulos, que tienen una alta probabilidad de embarazo, que puede llegar a 80% por una tentativa. Sin embargo, por varias razones, esta solución no es siempre la preferida por la pareja y puede ser necesario entonces un recurso de técnicas más complicadas y menos exitosas. El número de intentos necesarios depende de la técnica elegida, una decisión que está, al fin y al cabo, en manos de la pareja.


¿Qué probabilidades hay de que se produzca un embarazo múltiple?


Esta probabilidad depende básicamente del número de los embriones transferidos y de la calidad de cada uno de ellos. Si supiéramos con seguridad qué embriones disponibles son genéticamente normales, sería suficiente transferir uno solo para asegurar la probabilidad óptima de tener un niño. Esto, por desgracia, no es posible sin emplear un análisis del genoma completo de cada embrión.


¿Cuál es el proceder habitual?


Sin saber qué embriones son normales y cuáles no, varios embriones (habitualmente 2 o 3) son transferidos para optimizar el resultado, pero con un riesgo consecuente de embarazos múltiples.


En el año 2014 publicamos, junto con colaboradores italianos, un trabajo que demuestra claramente que la transferencia de un solo embrión, seleccionado por un análisis del genoma entero, es suficiente pero, por el momento, esta técnica resulta relativamente cara para la pareja. Además, la biopsia embrionaria, necesaria para la técnica, puede poner en riesgo la supervivencia del embrión.


¿Existen otros métodos?


Efectivamente, estamos evaluando otros que permiten el análisis del ADN del embrión sin tocarlo físicamente, utilizando el ADN soluble liberado espontáneamente por el embrión durante su cultivo in vitro. Se puede decir que se trata de un análisis amigable con los embriones. Confiamos en que el coste de la técnica, dependiente del precio de los reactivos y de las horas de trabajo necesarias para el análisis genético completo, vaya bajando en el futuro, lo que permitirá su utilización en todos casos de fecundación in vitro.


¿Qué avances en este campo se pueden esperar en los próximos años?


Los próximos avances van a ir dirigidos hacia el deterioro de la calidad de los espermatozoides, frecuentemente asociado a la fragmentación de su ADN, y de los óvulos, relacionado con la tendencia a posponer la maternidad.


Los problemas uterinos que impiden la implantación del embrión son también una causa de infertilidad en aumento. La posibilidad de crear espermatozoides, óvulos y úteros artificiales representaría una solución definitiva para los casos más difíciles.


¿En qué punto se halla la investigación sobre técnicas para formar espermatozoides y ovocitos artificiales?

Esta investigación está en marcha y puedo decir que hay avances importantes. Pero todos los que estamos implicados sabemos perfectamente que estamos jugando sobre un terreno peligroso.


Cualquier error de la técnica podría provocar anomalías genéticas que, además, se transferirían a todas las células del futuro hijo y, mediante sus células reproductoras, se podrían perpetuar en futuras generaciones. Por eso hay que actuar con la máxima precaución y responsabilidad.


¿Existe una posibilidad real de que esta técnica se desarrolle pronto?


Los espermatozoides y óvulos artificiales podrían ser fabricados ya, pero con un riesgo inaceptable de error con consecuencias difícilmente previsibles.


Nos costará un cierto tiempo afinar y así disipar todas las dudas sobre el uso de espermatozoides y óvulos artificiales en el tratamiento de la infertilidad humana. Yo hablo siempre de 10 años. Puede ser antes, pero no quiero crear esperanzas e ilusiones infundadas.



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