Depresión y calidad de vida en República Dominicana

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Por Luis A. Beard, M.A. / Psicólogo Clínico  


Es indudable que la República Dominicana ha avanzado bastante en términos de proveer salud a las poblaciones más vulnerables; sin embargo, en el campo de la salud mental, es mucho lo que falta por hacer. 


En República Dominicana no existe una política explicita de salud mental, los programas existentes giran más en torno a la aplicación de medicina paliativa (tratamiento de síntomas), pero en términos preventivos, poco se hace. 


La asignación de recursos para la salud mental en la República Dominicana es muy baja con relación a las necesidades y demandas, ya que solo se dedicaba a la salud mental menos de un 1% ( 0.38%) de los egresos en atención de salud por parte de la entonces llamada Secretaria de Estado de Salud Pública y Asistencia Social (SESPAS). (IESM-OMS, 2007).

Aunque la situación presupuestaria ha mejorado, sigue siendo poco halagüeño el panorama de la salud mental en dominicana. De todos los gastos invertidos en salud mental, la mayor parte de estos están dirigidos al antiguo hospital psiquiátrico Padre Billini, hoy convertido en un Centro de Rehabilitación Psicosocial. Este centro sigue teniendo la misma influencia que mantenía el anterior hospital, ya que en la actualidad, es el único que está funcionando para toda la población del Gran Santo Domingo; el único centro de la Región Norte del país está cerrado por remodelación desde hace varios años.

La depresión es uno de los trastornos afectivos más comunes que llegan a gravitar sobre la vida de los humanos, ya que afecta a las personas de todas las edades, sin importar su condición socioeconómica, y de todas las culturas y países. La pobreza, el desempleo, la mala calidad de vida, la muerte de un familiar, una enfermedad grave, hasta una ruptura sentimental, pasando por el consumo de drogas, alcohol y otras sustancias, pueden incrementar el riesgo de una depresión; esta puede aparecer en algún momento de la vida de la persona. Cuando la depresión no es tratada y se prolonga a través del tiempo, puede llegar a interferir seriamente con la vida laboral, académica, familiar y social de las personas que la padecen.

De los trastornos mentales la depresión es la más frecuente en la población mundial; según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, afecta a más de 300 millones de personas. Una buena parte de esta cifra está concentrada en América Latina y el Caribe, donde según la misma fuente, el 5 por ciento de la población la padece, y donde seis de cada diez depresivos no reciben tratamiento (OMS, 2017).

En República Dominicana, el 4,7 de la población padece depresión (OMS, 2017), sin embargo, instituciones como la Sociedad Dominicana de Psiquiatría y el Colegio Dominicano de Psicólogos, en distintos escenarios, desde algunos años vienen hablando de cifras muy superiores a esta, señalando un incremento de un 30% en la prevalencia de depresión.

Las causas de la depresión pueden estar dentro o fuera de la persona llegando a afectar distintas áreas del comportamiento individual. Esta es la razón por la que la depresión es una de las patologías más común en los momentos actuales. Según estimaciones de la OMS, entre 1990 y el 2013, el número de personas que sufren depresión o ansiedad aumentó en un 50%, cerca del 10% de la población mundial se ve afectada por depresión y ansiedad. (Depresión, hablemos, 2017).

Como estado afectivo la depresión afecta significativamente a la población dominicana, esta es una condición que puede afectar a cualquier persona sin importar la edad o condiciones socioculturales, países pobres o ricos. Es un estado susceptible de reconocimiento introspectivo para quien la padece (solo el paciente siente dolor), pero que produce una merma en las más elementales funciones y capacidades del ser, incidiendo en la calidad de vida del depresivo y quienes forman parte de su entorno. La comorbilidad que puede causar o acompañar a este malestar afectivo, puede incluir desde un incremento en el espiral de violencia social o intrafamiliar, consumo de drogas psicodislépticas, la inseguridad ciudadana, los altos niveles de corrupción percibido por la población, ansiedad, altos niveles de estrés. Las sociedades, unas más que otras, generan una serie de dificultades que hacen que algunos individuos sean más vulnerables que otros para desarrollar dolencias y dificultades que corroen o limitan su calidad de vida. Estas problemáticas y muchas otras que aquejan a la población dominicana en su conjunto, la victimizan o provocan que las personas pasen por periodos de incertidumbre muy agobiantes.

Se puede notar, que tan difícil es mantener un conjunto de actividades en equilibrio con el entorno de una persona; un estado que depende del contexto y de la situación, que incluye libertad, salud y bienestar, seguridad y tranquilidad de espíritu. Esto en conjunto es lo que se denomina salud mental.

A pesar de las múltiples definiciones que tiene el concepto de salud mental. En sentido general se le define como un estado de bienestar pleno en el cual el sujeto es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida ordinaria, puede trabajar de manera productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. (OMS, 2013)

Una persona que puede pensar de manera lógica y racional y que afronta eficazmente las situaciones estresantes, se considera ser mentalmente saludable. La estabilidad emocional y la capacidad para adaptarse a nuevas situaciones que surgen de la prolongación de la vida también forman parte de la salud mental. (Sarason & Sarason, 2006).

La OMS define calidad de vida como "la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas, sus inquietudes. Se trata de un concepto que está influido por la salud física del sujeto, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, así como su relación con su entorno. (Platas, 2017). Este concepto nace por los años 60 refiriéndose básicamente a la calidad del medio ambiente. Posteriormente fue re conceptualizado como un objetivo integrador y de pluridimensional, extendiéndose su alcance a elementos tan diversos como la salud, educación, economía, política y acceso a servicios.

Aunque las estadísticas pueden ser alarmantes para algunos, subvaluadas para otros, a juicio de psiquiatras y psicólogos que participaron en la Mesa de Estudio sobre Migraciones y Salud Mental, en su informe del mes de octubre de 2016, concluyen en lo siguiente: se estima que entre 30 % y 40 % de la población necesita atención psiquiátrica. (Mejia, 2016). De igual manera, en la misma fuente se señala que hasta el cierre del 2016, 8,000 personas se habían suicidado desde el año 2000. Una tasa de suicidio de 5.7 por cada 100,000 habitantes.

Para que entendamos el origen de esas cifras, podemos situarnos en las realidades siguientes:

La República Dominicana tiene un índice de 29.3 muertes por accidentes de tránsito por cada 100.000 habitantes, siendo el mayor de América Latina y el Caribe, superando por mucho la tasa promedio de América de 16.1. Cada año se producen 1.600 y 2,000 muertes por esta razón. Cada vez la situación es peor, mientras prevalezca como sanción para los infractores solo una garantía económica, sin ningún régimen de consecuencias. (EFE, 2015)

Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el país es el tercero de América Latina y el Caribe con la mayor cantidad de homicidios de mujeres (3.6 por cada 100 mil mujeres. La indagación realizada por la USC del OPD, identificó en los seis primeros meses de 2016, la muerte de 65 mujeres como consecuencia de la violencia de género. (Heredia, 2012), (Polo, 2016).

Finalmente, el año 2016 transcurrió con 78 feminicidios (pareja o ex pareja), uno más que el año anterior, en el que fueron asesinadas 77 mujeres. (Libre, 2017). Podemos notar el espiral de aumento de este fenómeno sociocultural.

En cuanto a la tasa de suicidio en Republica Dominicana, la prevalencia no es esperanzadora, según datos de la Oficina Nacional de Estadística, desde el año 2007 a la fecha se nota un mantenimiento estable, cuando no un incremento del número de suicidio cada año; en el 2015, el total de suicidio nacional fue de 547 casos ((ONE), 2015)

El concepto de calidad de vida está vinculado al de bienestar social, sin el cual no se puede hablar de desarrollo social, económico y cultural. El término encierra también la búsqueda de equilibrio entre la cantidad de seres humanos, los recursos de que dispone la naturaleza y la protección del medio ambiente. Calidad de vida significa pues, que al momento de tomar decisiones importantes, se debe tener en cuenta los derechos del hombre y de la sociedad; es entonces cuando se puede hablar de vida digna, equidad y felicidad existencial.

La salud mental como parte integral de la calidad de vida, solo se logra cuando el individuo pueda dormir tranquilo (sin ruidos ni preocupaciones), que pueda estudiar, trabajar, recrearse de manera sana, tener expectativas de futuro, amar, que sienta la tranquilidad de poder salir de su casa, sin sentir temor de que algo le pasara, que pueda recrearse en cuerpo y espíritu, que no sienta que la única opción es buscar salir del país, etc.

En fin, para garantizar la salud mental y la calidad de vida, al niño se le debe ensenar a oír música de calidad, ir a una exposición de arte, a una charla, a leer una novela, escuchar un concierto de la sinfónica, etc. Se le debe ensenar al niño lo que se quiere haga cuando adolescente y adulto, entonces tendremos mejor salud mental, menos depresión y mejor calidad de vida en las personas. Todos ganaremos en términos de calidad de vida.

Por Luis A. Beard, M.A.
Psicólogo Clínico  

1 Comentarios

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Necesito ayuda con la deprecion , anciedad y la tristesa

escrito por Shanel beltres 16/sep/17    22:28

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