Tres médicos que lucharon para alcanzar sus sueños

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SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.-- A los médicos Arianna García, Luis Reynoso y el odontólogo Kivert Veras Henríquez no les resultó nada fácil coronarse con la carrera de su sueño pero al final, expresan con un hondo suspiro, “lo logramos”.


Fueron muchos los obstáculos que tuvieron que vencer. Entre ellos la falta de un dormitorio adecuado, las constantes “bolas”, las vergüenzas en el camino con personas que tras montarlos en sus vehículos los dejaban a “medio camino” y la falta de utensilios para sus prácticas médica.


También citan como fuertes tropiezos la falta de una adecuada alimentación que les proporcionara los nutrientes necesarios para soportar el trajín de los constantes estudios y prácticas universitarias, lo que a su juicio nunca los amilanó sino que se constituyeron en un escalón más que había que subir para poder llegar a ser lo que hoy día tres reputados médicos que son un ejemplo en una sociedad que necesita valores.


Valió la pena. Para la doctora Arianna García Gil, ginecóloga con especialidad en Educación Sexual que presta servicios en varios centros asistenciales de la provincia, el esfuerzo que hizo durante su adolescencia y temprana juventud ha valido la pena.


La doctora, graduada en el 2008 de la Universidad Católica Nordestana, cuenta que a veces para poder salir de su casa en el sector del Cementerio Viejo, en la parte alta, había que ser valiente porque su seguridad se veía seriamente amenazada por los fuertes movimientos huelgarios que había con frecuencia en la zona.


Dice que en ocasiones los tiros y las bombas que se lanzaban la obligaban a salir huyendo muy temprano hasta las afueras de la ciudad para así “coger la bola” que la llevaría hasta la alta casa de estudio.


Hambre. “Yo las pasé todas”, comienza a decir Luis Reynoso, un reputado ginecobstetra que en el 2007 se se graduó de la Nordestana. Tras afirmar que incluso pasó hambre, indica que tuvo “carencias en muchas de las cosas que mis compañeros sí podían, hasta lo inverosímil, pero finalmente llegué”.


Para Luis el valor de cada una de las palabras y los constantes sacrificios de sus padres, sobre todo de su madre Eduviges (recientemente fallecida), es algo que lleva clavado en su interior.


Sus padres, sostiene, fueron los que le enseñaron a esforzarse continuamente y esa ha sido su principal bujía inspiradora para ser lo que hoy es.


Gracias a ellos superó los trasnoches, el hambre camino a la universidad o de regreso y la falta de los recursos para suplir las necesidades de una carrera tan exigente como la la medicina.


Doctorcito. El doctor Kivert Veras Henríquez cuenta que desde pequeño dijo que quería ser médico. A ello se le unió una motivación extra: cuando le recetaron lentes, al presentar problemas de la vista, en su sector de Clavijo sus amiguitos se asombraron tanto que uno de ellos comenzó a llamarle “el doctorcito”.


Veras Henríquez realizó sus estudios en la Universidad Católica del Cibao (Ucateci), en La Vega, donde se graduó en el 2005 como odontólogo.


Al hablar sobre su vocación, sostiene que desde pequeño siempre quiso ayudar a los más necesitados y buscarle solución a la problemática que otros enfrentaban. Por ello, este valioso hijo de dos profesores muy humilde de Salcedo jamás desfalleció en su propósito a pesar de las vicisitudes que enfrentó.


Para el “doctor”, como muchos le llaman como señal de respeto, el apoyo de sus padres ha sido el fundamento más importante para poder salir adelante.


Sin el decidido apoyo de sus progenitores y sus consejos sostiene, no hubiera sido posible que llegara a ser lo que hoy es: un reputado odontólogo al que muchos admiran y respetan. Además de eso, se ha constituido en un gran ejemplo para la juventud de estos tiempos.


A los médicos Arianna García, Luis Reynoso y el odontólogo Kivert Veras Henríquez no les resultó nada fácil coronarse con la carrera de su sueño pero al final, expresan con un hondo suspiro, “lo logramos”.


Fueron muchos los obstáculos que tuvieron que vencer. Entre ellos la falta de un dormitorio adecuado, las constantes “bolas”, las vergüenzas en el camino con personas que tras montarlos en sus vehículos los dejaban a “medio camino” y la falta de utensilios para sus prácticas médica.


También citan como fuertes tropiezos la falta de una adecuada alimentación que les proporcionara los nutrientes necesarios para soportar el trajín de los constantes estudios y prácticas universitarias, lo que a su juicio nunca los amilanó sino que se constituyeron en un escalón más que había que subir para poder llegar a ser lo que hoy día tres reputados médicos que son un ejemplo en una sociedad que necesita valores.


Valió la pena. Para la doctora Arianna García Gil, ginecóloga con especialidad en Educación Sexual que presta servicios en varios centros asistenciales de la provincia, el esfuerzo que hizo durante su adolescencia y temprana juventud ha valido la pena.


La doctora, graduada en el 2008 de la Universidad Católica Nordestana, cuenta que a veces para poder salir de su casa en el sector del Cementerio Viejo, en la parte alta, había que ser valiente porque su seguridad se veía seriamente amenazada por los fuertes movimientos huelgarios que había con frecuencia en la zona.


Dice que en ocasiones los tiros y las bombas que se lanzaban la obligaban a salir huyendo muy temprano hasta las afueras de la ciudad para así “coger la bola” que la llevaría hasta la alta casa de estudio.


Hambre. “Yo las pasé todas”, comienza a decir Luis Reynoso, un reputado ginecobstetra que en el 2007 se se graduó de la Nordestana. Tras afirmar que incluso pasó hambre, indica que tuvo “carencias en muchas de las cosas que mis compañeros sí podían, hasta lo inverosímil, pero finalmente llegué”.


Para Luis el valor de cada una de las palabras y los constantes sacrificios de sus padres, sobre todo de su madre Eduviges (recientemente fallecida), es algo que lleva clavado en su interior.


Sus padres, sostiene, fueron los que le enseñaron a esforzarse continuamente y esa ha sido su principal bujía inspiradora para ser lo que hoy es.


Gracias a ellos superó los trasnoches, el hambre camino a la universidad o de regreso y la falta de los recursos para suplir las necesidades de una carrera tan exigente como la la medicina.


Doctorcito. El doctor Kivert Veras Henríquez cuenta que desde pequeño dijo que quería ser médico. A ello se le unió una motivación extra: cuando le recetaron lentes, al presentar problemas de la vista, en su sector de Clavijo sus amiguitos se asombraron tanto que uno de ellos comenzó a llamarle “el doctorcito”.


Veras Henríquez realizó sus estudios en la Universidad Católica del Cibao (Ucateci), en La Vega, donde se graduó en el 2005 como odontólogo.


Al hablar sobre su vocación, sostiene que desde pequeño siempre quiso ayudar a los más necesitados y buscarle solución a la problemática que otros enfrentaban. Por ello, este valioso hijo de dos profesores muy humilde de Salcedo jamás desfalleció en su propósito a pesar de las vicisitudes que enfrentó.


Para el “doctor”, como muchos le llaman como señal de respeto, el apoyo de sus padres ha sido el fundamento más importante para poder salir adelante.


Sin el decidido apoyo de sus progenitores y sus consejos sostiene, no hubiera sido posible que llegara a ser lo que hoy es: un reputado odontólogo al que muchos admiran y respetan. Además de eso, se ha constituido en un gran ejemplo para la juventud de estos tiempos.



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